Hay un tramo del año que muchas personas no anticipan como difícil: el que va de agosto a diciembre. Es el período que concentra el cierre laboral, el fin del año escolar, las expectativas de temporada y la acumulación de meses de exigencia. Para quienes ya venían cargando algo, este tramo puede ser el que finalmente pesa demasiado.
No es debilidad. Es acumulación.
Por qué este período es especialmente exigente
El fin del invierno y el inicio de la primavera traen un cambio de ritmo que no siempre es positivo. La percepción social dice que hay que estar bien, activo y con energía. Pero el cuerpo y la mente que vienen de meses de oscuridad, frío y rutina no siempre acompañan ese mandato.
A esto se suman factores concretos:
El cierre laboral acumula presión: Los proyectos que deben cerrarse, las evaluaciones de desempeño, el sprint de fin de año en equipos de trabajo.
El año escolar entra en su fase más exigente: Para padres y madres, el cierre del año escolar de los hijos se superpone con sus propias demandas laborales.
Las expectativas sociales aumentan: Fin de año trae consigo una narrativa de celebración que puede generar presión en quienes no están en su mejor momento emocional.
El balance personal activa comparaciones: Es la época en que las personas evalúan lo que lograron y lo que no, lo que puede intensificar sensaciones de frustración o insuficiencia.
Cómo se manifiesta el malestar emocional en este período
No siempre es una crisis. A veces es simplemente una sensación persistente de que algo no está bien, que no hay energía suficiente o que todo cuesta más de lo normal.
Señales frecuentes en este tramo:
- Irritabilidad o sensibilidad emocional mayor a la habitual. Reacciones que sorprenden al propio paciente.
- Dificultad para desconectarse. La mente sigue activa cuando debería descansar.
- Sensación de que el tiempo no alcanza. Ansiedad ante la cantidad de cosas pendientes.
- Pérdida de motivación para actividades que antes generaban bienestar.
- Sensación de agotamiento que no mejora con el descanso.

Por qué este momento es relevante para quienes están en proceso terapéutico
Para las personas que ya están acompañadas por un psicólogo, este tramo puede ser uno de los más productivos del proceso: hay material concreto para trabajar, patrones que se activan y una oportunidad real de desarrollar herramientas antes de que el año cierre.
Mantener la continuidad del proceso en este período, en lugar de pausarlo porque "hay mucho", suele hacer una diferencia significativa en cómo se cierra el año y cómo se entra al siguiente.
Cuándo buscar apoyo si no se está en proceso
Si las señales descritas llevan más de dos o tres semanas y afectan el funcionamiento cotidiano, es un buen momento para consultar. No es necesario estar en crisis. Es suficiente con que algo no esté bien.
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