Quedan meses para que termine el año escolar y los niños ya lo sienten. No siempre lo dicen, pero el cansancio aparece: más irritabilidad, menos ganas, motivación que cae, sueño alterado. El tramo final del año es uno de los períodos más demandantes para los niños y adolescentes, y también uno de los que menos atención recibe porque "ya queda poco".
Ese "ya queda poco" no es suficiente consuelo cuando el agotamiento es real.
Por qué el último tramo escolar es especialmente difícil
No es solo cansancio acumulado. Es una combinación de factores que se superponen justo en este período:
La presión académica aumenta. Las pruebas finales, los promedios, los ramos que quedan por cerrar. El nivel de exigencia escala justo cuando el nivel de energía disponible está más bajo.
El cuerpo ya acusa el desgaste. Meses de rutina, madrugadas, semanas de pruebas y actividades extraprogramáticas tienen un costo físico y emocional que se acumula.
La luz y el clima cambian. El fin del invierno en Chile coincide exactamente con este período. La baja exposición solar afecta el ánimo y los ritmos circadianos, lo que impacta directamente el sueño y la concentración.
La presión social también pesa. Las expectativas de fin de año, los eventos escolares, las comparaciones con compañeros.
Señales de alerta que vale la pena observar
Cambios de ánimo sostenidos: Más irritabilidad, llanto frecuente, reacciones desproporcionadas ante situaciones cotidianas.
Problemas de sueño: Dificultad para dormir, pesadillas frecuentes o somnolencia excesiva durante el día.
Síntomas físicos sin causa médica aparente: Dolores de cabeza, malestar estomacal o fatiga que se repiten especialmente antes de ir al colegio.
Pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban: Dejar de querer ver amigos, jugar o participar en actividades extraprogramáticas.
Dificultad para concentrarse o recordar cosas que antes manejaban bien.

Qué pueden hacer los adultos
Validar el cansancio sin minimizarlo: "Ya queda poco" no ayuda. "Entiendo que estás agotado, y tiene sentido" sí.
Revisar la carga real: A veces la solución es reducir compromisos extraprogramáticos en este período, aunque sea temporalmente.
Proteger el sueño: Es lo primero que se sacrifica en épocas de presión y lo que más impacta el estado emocional y cognitivo.
Mantener espacios de descanso real: El juego, el descanso sin pantallas y las actividades placenteras son parte del proceso de recuperación.
Buscar apoyo profesional cuando las señales persisten: Si los cambios de ánimo o los síntomas se sostienen por más de dos o tres semanas, vale la pena consultar con un psicólogo o médico.
Cuándo consultar en Mediclic
Si notas que tu hijo o hija está mostrando señales que te preocupan y que no mejoran con el descanso o el apoyo en casa, una consulta con un profesional puede marcar la diferencia.
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